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Pecera

Entrando a la habitación siento los pies húmedos. La cama individual tenía los trozos más grandes de los cristales. Un pez globo se encontraba sin aire sobre mi mesa de noche. Las paredes carmín cerca de mi cabecera, antes limpias, ahora sostienen a tres dorados de la feria del verano pasado. Avanzo boquiabierto a revisar cada rincón de mi espacio olvidando la posibilidad de encontrar cristales en la alfombra vieja color capuchino. Los guppy caían del techo al ventilador blanco, que “Bendito Dios” estaba apagado. Mis pinturas y cuadros sobre la pared frente a la cama se veían intactos, es más, ajenos a lo sucedido. Giro a ver la pared blanca de mi espalda para encontrarme con el último suspiro de mis tetra neón en un espectáculo de luces del reflejo de sus escamas con la luz del sol. La bruma de lo sucedido me hizo bajar la cabeza y encontrarme con mi limpiapeceras trabajando en un balón de fútbol. 

Sus Cenizas

Siendo las 10 de la mañana, Verónica corría por toda la casa apurada para irse a trabajar a la tienda donde vende ropa. Se le había hecho tarde , no porque no escuchara el despertador, sino porque no había tenido fuerzas para levantarse. Mañana sería el primer aniversario luctuoso de Diego, su único hijo, y la tristeza de haberlo perdido le duele profundamente. Apuró el paso para alcanzar a llegar temprano, necesitaba pedir el día libre para ir a esparcir las cenizas al mar antes de que oscurezca. Pero el transporte público parecía conspirar contra ella. Los autobuses llenos y detenidos en cada parada la hicieron llegar tarde. El jefe de la sucursal, visiblemente molesto, no solo le negó el permiso, también le exigió quedarse horas extra como castigo. Aquella negativa la golpeó como una sentencia. A sus 47 años no le queda más que obedecer, no puede darse el lujo de dejar de trabajar, teniendo aún la carga de la deuda de los gastos fúnebres de su hijo. Cuando llegó el día, se le...

AMANTE DEMONIO

De la mesa quitó los cubiertos, el florero y el mantel. Apagó luces y encendió cinco cirios negros. Cambió su atuendo de ama de casa para andar desnuda bajo un manto negro con capucha. El marido se fue a su "junta urgente" de media noche ¿y ella? Ella se monta sobre la mesa para derramarse sangre sobre sí misma desde su muñeca para figurar ser un jugoso corte de carne. Urgida grita seis veces el nombre de su incubo mientras se toca la entrepierna. La casa queda en silencio. Las velas se apagan de un aleteo. De la oscuridad surgen dos patas que se postran a los lados de su cadera, dejandola a ella apriosionada al centro de la mesa.  Había aparecido un cuerpo alado y hermoso que dejó caer sobre ella un falo enorme y erecto frente a su sexo de bruja.   La bestia comenzaba a moverse dentro de ella al ritmo de su corazón, pero el mueble no soportó a ambos y terminó por partirse en pedazos, dejando a la brujita atravezada de vidrios por todo el cuerpo y muriendo en brazos de su...