Ir al contenido principal

Sus Cenizas

Siendo las 10 de la mañana, Verónica corría por toda la casa apurada para irse a trabajar a la tienda donde vende ropa. Se le había hecho tarde, no porque no escuchara el despertador, sino porque no había tenido fuerzas para levantarse. Mañana sería el primer aniversario luctuoso de Diego, su único hijo, y la tristeza de haberlo perdido le duele profundamente.

Apuró el paso para alcanzar a llegar temprano, necesitaba pedir el día libre para ir a esparcir las cenizas al mar antes de que oscurezca. Pero el transporte público parecía conspirar contra ella. Los autobuses llenos y detenidos en cada parada la hicieron llegar tarde. El jefe de la sucursal, visiblemente molesto, no solo le negó el permiso, también le exigió quedarse horas extra como castigo.

Aquella negativa la golpeó como una sentencia. A sus 47 años no le queda más que obedecer, no puede darse el lujo de dejar de trabajar, teniendo aún la carga de la deuda de los gastos fúnebres de su hijo.

Cuando llegó el día, se levantó temprano para evitar el riesgo de llegar tarde de nuevo y poder llorar en soledad. Antes de salir, le entregó una plegaria a su hijo, incluyendo un perdón dolido y con el corazón dividido entre el deber y el amor, salió de casa rumbo al trabajo con Diego en su pensamiento a cada momento.

—¿A dónde vas, mamá? —La voz era un eco en la mente de Verónica que apenas podía oírse—. Por allá no queda el mar. Dime que sí irás a llevar mis cenizas hoy. ¿Por qué no llevas contigo mi urna?

Su voz resonaba en un imaginario limbo frío. A su alrededor, sombras se agitaban por todos lados chocando contra él. Diego estaba rodeado de otros espíritus que gritaban y se arremolinaban, esperando también ser liberados. Algunos eran arrastrados por destellos hacia el cielo, otros caían al abismo.

—Por favor, mamá —suplicó—. ¡Vete ya por mis cenizas! ¿No ves que se va la luz del día? ¿O es que acaso ya no me amas? ¡Llevo mucho esperando mi descanso!

Su mente ponía a Diego en el peor escenario del purgatorio, lo que hacía el trayecto al trabajo todo un calvario. Se le veía en ella el peso de la culpa, en su mirada clavada en el suelo y en su caminar encorvado y sin energía.

Una vez iniciada la jornada, no hacía más que mecanizar sus labores. Su mente se encontraba vacía como una habitación abandonada que está corrompida por la humedad de la culpa, llena de reclamos en eco —Mamá, ¿Qué haces trabajando? ¡Ayúdame, quiero mi descanso!

Verónica vio como de repente un estante de ropa cayó sin ningún motivo aparente mientas sentía como se le helaba la espalda. Su respiración se aceleró, sabía que no debería de permanecer más ahí ni un instante más. Ese miedo intenso fue lo que le quitó su gafete de encima para ir a hacer lo prometido. Así que, con todo el terror del mundo, corrió por la puerta delantera de la tienda de vuelta a su casa.

Ese impulso apareció en ella hasta la 1:15 p.m. Sabía que no tenía mucho tiempo, por lo que no dudó ni un paso mientras corría. Decidió bloquear toda llamada y mensaje de texto de su trabajo. Ya estaba segura de que ni su jefe ni ningún otro estorbarían en su decisión de ir a despedir a su hijo.

Cuando llegó a casa, tomó la urna con manos temblorosas y se dirigió rápido a la costa. El camino fue largo y el sol comenzaba a ocultarse cuando alcanzó la playa. Su corazón se calmó cuando por fin pisó la arena, se quitó los zapatos y respiró profundamente el viento húmedo del atardecer que le arrancaba las lágrimas.

—Aquí estoy, hijo. Aquí estoy.

Abrió la urna y de rodillas con un movimiento cuidadoso, dejó que las cenizas se mezclaran con el aire salado.

Esos pensamientos de dolor se volvieron la risa de Diego cuando era un niño, las festividades, los cumpleaños, todo lo que le dio vida a él y a ella cuando estaban juntos.

Miró al horizonte y vio cómo se despedía la luz del día sobre el mar.

Por primera vez en meses, su alma no dolía más.




Entradas populares de este blog

VOLCÁN

Después de trabajar medio día por su cumpleaños, Manolo llegó a su departamento con un six de cervezas, unas papas grandes y mierda en la cabeza. Se encerró en su cuarto azotando la puerta y se sentó en una silla frente a una pared blanca sacando enseguida las cosas de la bolsa. Se quito la playera y los zapatos, abrió la primera cerveza y la bebió hasta que quedo la mitad de ella. Limpió los chorros que le dejó la bebida en los labios y abrió las papas para comer enseguida unas cuantas con la boca abierta. Habiendo iniciado el ritual, simplemente esperó encorvado en la silla a que su mente sintiera “el momento”, que era lo que él entendía por “mindfulness”, una técnica de meditación en donde la conciencia se enfoca únicamente en el aquí y el ahora. Llevaba practicándola apenas unos meses por recomendación de su madre. Ella le enseñó varios métodos de relajación para tratar con su comportamiento agresivo pero las ignoro todas. No fue sino hasta que falleció de cáncer que empezó a hac...

METAMORFOSIS

Me grito Me señalo Me maldijo Y me deseo hasta la muerte… Apenas y pude encerrarme en mi cuarto a llorar ¿Cómo es que siendo mi propio padre pueda hablarme de esa forma? Si estuviera mamá aquí me consolaría Ay Dios! Estoy llorando tanto que moje toda la colcha... Se quedaran tiesas una vez que sequen ¡Sí! ¡Todo quedara tieso cuando seque! ¡Todo al rededor mío quedara hecha una coraza! ¡Un capullo! ¡Eso es, un capullo! Pondré mi ropa encima Le pondré también las sabanas Las toallas también ¡Haré resistente mi capullo y podre salir de aquí con mis propias alas! Me quiero ir de aquí Quiero salir volando de mi cuarto, lejos de mi casa Ya no quiero saber nada de mi papá ¡Volare y seré libre! ¿Me pregunto si también las orugas no podían respirar dentro de su capullo? Se siente incomodo, pero tranquilo Acá adentro me siento en paz...

PA-BOOM

Durante las épocas desembridas agentes de la policía federal de la ciudad de Tijuana hallaron una bodega de 40 x 40 metros cuadrados, dentro se encontraba dividida por colores, los primeros 15 metros cuadrados el piso y las paredes eran de color naranja, ahí se tenia material quirúrgico, unas repisas con frascos, un frigobar y una estantería. Más a delante la bodega se volvía color azul, era un área que abarcaba 15 metros cuadrados y ahí se encontraron dentro de jaulas de metal animales como armadillos, tigres, ciervos y algunas aves. En los últimos 10 metros solo se encontraban 3 jaulas, esa zona era toda de color lila y contaba con una puerta de descarga en la ultima de las paredes. Los agente comenzaron a revisar el área, tomaron fotografías y muestras. Uno de ellos se adelanto al área lila y noto que cada jaula estaba etiquetada con un nombre especifico para cada animal. Cuando el agente llego a las zona lila vio un pangolín dentro de cada una de las 3 jaulas, pero solo un...