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Mostrando las entradas etiquetadas como Cigarro

PIEL SECA

Se me quebraron los labios de resequedad. Creí que un baño tibio me los aliviaría, pero al sentarme en la cama con la toalla, aún los traía quebrados. Encendí un cigarro en tu nombre, que bien puede ser cualquier nombre, y terminé quemándome con la colilla. -Que tonto -Me dije. No le di ni una calada por pensar boquiabierto en los escenarios que compartimos juntos. Tú en tus múltiples pieles, y yo, con el mismo órgano seco y cenizo. En un suspiro largo me recosté en la cama buscando sentir el calor que hace mucho que estuvo aquí, pero no recordaba que en noches pasadas ya me lo había devorado todo. -Que tonto -Me repetí. No deje ni un poco para ahora que es cuando más te necesito. Creo que no me queda más que dormir con la luz encendida esperando que sirva de carnada, para que vengas a mí, a ver mi piel y mis labios secos, a despertar tus ganas de querer lavarlos en tu miel cuando por cariño apagues la luz para que descanse.

LUZ DE BANQUETA

Salí por la madrugada a fumar a la banqueta frente a mi casa, la calle se encontraba vacía a esas horas de la noche. A medio cigarro, una pequeña luz apareció a lo lejos, moviéndose lentamente hacia mí. Impactado por el fenómeno, me quedé observándola sin decir ni una palabra. Su brillo tenue parpadeaba a medio metro de mi rostro, pero no sentí miedo, algo en ella emanaba un aura de paz que me tranquilizaba. Olvidándome del cigarro, quedé hipnotizado por un momento, el destello parecía tener una identidad propia que venía de algún lugar fuera de este plano. De repente, emitió un silbido agudo y sin aviso, atravesó mi cráneo por completo sin herirme. En ese instante, sentí un impulso incontrolable de salir corriendo a buscar a Jaime que vivía a siete casas más allá de la mía. Los recuerdo que tenia de él, de cuando trabajábamos juntos, cayeron a mi memoria como un valde de agua fría. Abandoné mi reposo de fumador para correr hasta su casa. Sin pedir permiso, entré y me dirigí a su recám...

VOLCÁN

Después de trabajar medio día por su cumpleaños, Manolo llegó a su departamento con un six de cervezas, unas papas grandes y mierda en la cabeza. Se encerró en su cuarto azotando la puerta y se sentó en una silla frente a una pared blanca sacando enseguida las cosas de la bolsa. Se quito la playera y los zapatos, abrió la primera cerveza y la bebió hasta que quedo la mitad de ella. Limpió los chorros que le dejó la bebida en los labios y abrió las papas para comer enseguida unas cuantas con la boca abierta. Habiendo iniciado el ritual, simplemente esperó encorvado en la silla a que su mente sintiera “el momento”, que era lo que él entendía por “mindfulness”, una técnica de meditación en donde la conciencia se enfoca únicamente en el aquí y el ahora. Llevaba practicándola apenas unos meses por recomendación de su madre. Ella le enseñó varios métodos de relajación para tratar con su comportamiento agresivo pero las ignoro todas. No fue sino hasta que falleció de cáncer que empezó a hac...