Imagino constantemente el momento en el que aparecemos en las noticias por un choque de carretera. Mamá por ir maldiciendo a la gente o andar molesta conmigo no mira el coche que se nos atraviesa y nos volcamos para nunca volver a casa. Hoy las imágenes son más reales porque vamos camino al hospital veterinario para salvar la vida de Candy. Estos últimos meses, la gata ha desaparecido con más frecuencia. Cada vez que llegaba, mamá la recibía como hija pródiga. Festín, regalos, apapachos y mimos que nunca me ha dado ni en mi cumpleaños y Candy los recibía sin pedirlo. Yo me quedo callada apoyando la celebración de la favorita. Después de todo, los días en casa se vuelven cálidos y muy amenos cuando estamos juntas. Solemos ver películas, comer todas en el comedor e incluso dormir en la misma cama. Yo a espaldas de ellas, pero juntas. Así era cuando estaba papá, él amaba tanto a la mamá como a la gata, cualquier pretexto era bueno para hacer todo juntos. Una costumbre que se perdi...