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AMANTE DEMONIO

De la mesa quitó los cubiertos, el florero y el mantel. Apagó luces y encendió cinco cirios negros. Cambió su atuendo de ama de casa para andar desnuda bajo un manto negro con capucha. El marido se fue a su "junta urgente" de media noche ¿y ella? Ella se monta sobre la mesa para derramarse sangre sobre sí misma desde su muñeca para figurar ser un jugoso corte de carne. Urgida grita seis veces el nombre de su incubo mientras se toca la entrepierna. La casa queda en silencio. Las velas se apagan de un aleteo. De la oscuridad surgen dos patas que se postran a los lados de su cadera, dejandola a ella apriosionada al centro de la mesa.  Había aparecido un cuerpo alado y hermoso que dejó caer sobre ella un falo enorme y erecto frente a su sexo de bruja.   La bestia comenzaba a moverse dentro de ella al ritmo de su corazón, pero el mueble no soportó a ambos y terminó por partirse en pedazos, dejando a la brujita atravezada de vidrios por todo el cuerpo y muriendo en brazos de su...

SOLO COPAS DE NOCHE

La bebida me puso un tango que no supe bailar. Caigo al ritmo de los ladridos del perro del vecino. En la ventana de algún lugar, se ve a un caballero que se perfuma para ir a dormir no conmigo. El viento sopla hojas marchitas al pasto para que caiga en blando. ¡Extraño mi pasado! ¡Extraño quien era! ¡Extraño la compañía! ¿Y qué puedo comprar con tanta soledad que tengo? Apenas un par de ramas y piedras con las que comparto el suelo. Antes del noqueo por el ron, Miro al cielo sin entender como el oscuro de mi pecho puede reflejarse en esta bella noche estrellada. 

PIEL SECA

Se me quebraron los labios de resequedad. Creí que un baño tibio me los aliviaría, pero al sentarme en la cama con la toalla, aún los traía quebrados. Encendí un cigarro en tu nombre, que bien puede ser cualquier nombre, y terminé quemándome con la colilla. -Que tonto -Me dije. No le di ni una calada por pensar boquiabierto en los escenarios que compartimos juntos. Tú en tus múltiples pieles, y yo, con el mismo órgano seco y cenizo. En un suspiro largo me recosté en la cama buscando sentir el calor que hace mucho que estuvo aquí, pero no recordaba que en noches pasadas ya me lo había devorado todo. -Que tonto -Me repetí. No deje ni un poco para ahora que es cuando más te necesito. Creo que no me queda más que dormir con la luz encendida esperando que sirva de carnada, para que vengas a mí, a ver mi piel y mis labios secos, a despertar tus ganas de querer lavarlos en tu miel cuando por cariño apagues la luz para que descanse.

LUZ DE BANQUETA

Salí por la madrugada a fumar a la banqueta frente a mi casa, la calle se encontraba vacía a esas horas de la noche. A medio cigarro, una pequeña luz apareció a lo lejos, moviéndose lentamente hacia mí. Impactado por el fenómeno, me quedé observándola sin decir ni una palabra. Su brillo tenue parpadeaba a medio metro de mi rostro, pero no sentí miedo, algo en ella emanaba un aura de paz que me tranquilizaba. Olvidándome del cigarro, quedé hipnotizado por un momento, el destello parecía tener una identidad propia que venía de algún lugar fuera de este plano. De repente, emitió un silbido agudo y sin aviso, atravesó mi cráneo por completo sin herirme. En ese instante, sentí un impulso incontrolable de salir corriendo a buscar a Jaime que vivía a siete casas más allá de la mía. Los recuerdo que tenia de él, de cuando trabajábamos juntos, cayeron a mi memoria como un valde de agua fría. Abandoné mi reposo de fumador para correr hasta su casa. Sin pedir permiso, entré y me dirigí a su recám...